Login      FOLLOW US ON follow on Facebook follow on Twitter follow on Pinterest follow on Tumblr follow on Google Plus

El nombre secreto de las mujeres romanas


En la antigua Roma, el nombre de una mujer tuvo que mantenerse en secreto, de hecho, mientras que los hombres tenian su nombre proprio y en seguida el nombre de la gens y finalmente el cognomen, las mujeres siempre estaban llamadas por el nombre de la gens a la que pertenecìan - que a menudo induce errores en los tratamientos historicos - y se distinguìan con Maior o Minor basado en la ancianidad o por un número ordinal es decir Secunda, Tertia ...
Cuanda una niña nacìa después de ocho días se tenía que hacer el primer rito llamado lustratio: la chiquilla se limpiaba con agua y se le dio su nombre, el praenomen. La ceremonia se llevaba a cabo dentro de la casa de la familia y os asistian sólo los miembros de la familia y los parientes y conocidos sólo a ellos era el nombre dado a la niña que iba a ser tan secreto durante toda su vida.
En el medallón de Lucila, hecho por la hija de Marcus Aurelius en 184 dC, está perfectamente representado el ritual de lustratio (purificación), la peculiaridad de este y otros medallones de emperatrices (Faustina, Crispina y Julia Domna) es que todos no tienen alguna ninguna leyenda , como para significar lo que se conoce pero que no se debe nombrar.
El nombre de la mujer nunca fue revelado, incluso cuando la mujer iba a casarse; durante el ritual, cuando se hizo la pregunta "¿Cuál es su nombre?" al entrar en la casa de su marido, la esposa respondìa a llamarse con el mismo nombre del novio y desde ese momento el nombre de su gens fue sustituido por él del marido, o se añadìa a este.
Incluso en las inscripciones funerarias nunca aparece el nombre real de la mujer que es siempre y únicamente la hija, la madre o la esposa de alguien.
Varrón y Festo Avieno informan que el verdadero nombre de la mujer no se revela no para una prohibición, mas por una costumbre antigua. Intentando una interpretación conceptual de la costumbre, se puede decir que el nombre de la persona (praenomen) no sólo afirma la existencia de la persona, no sólo la evoca pero hace que sea lo que es: la mujer es su nombre de acuerdo a los valores arcaicos relacionados con arquetipos mítica. Así como según el sistema arcaico decir el nombre de las cosas es equivalente a crearlas, - Esquilo recuerda que el Rey con su nombre hace todo - el nombre de la persona se considerò una parte de la persona y pronunciarlo estaba equivalente a tener contacto físico con la mujer.
En su historia, la sociedad romana siempre ha dividido netamente lo privado de lo que era público, el interior del exterior, y llevando esto a la dicotomía extrema se puede tentar una explicación en clave esotérica. La sociedad romana se basó en la familia, aunque considerada como gens y en cualquier período histórico el sentido de pertenencia fue muy fuerte y también incluìa los sirvientes, esclavos y libertos, y la familia existìa con una imagen pública confiada a los hombres, pero su fuerza y su respetabilidad estaba en la conducta de las mujeres que mantienen en su alma el quid primitivo y mítica de que toda la familia lograba y fue la razón de su existencia. Y entonces la mujer que es el guardián de la alma misma de la familia, no sólo delante del mundo será conocida por el nombre de lo que es, su gens, pero nadie sabrá su praenomen porque si otras personas lo declararon, simbólicamente privó a su gens de la certeza de la descendencia. El nombre fue así a limitar la inviolabilidad del cuerpo, no por casualidad que las únicas mujeres que tenían un nombre eran prostitutas ...



Para leer el artículo completo suscribirse!



de M.L. ©ALL RIGHTS RESERVED (Ed 1.0 - 06/03/2017)